Bekristen / Cristianos

Capítulo I. La Domesticación

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El neoliberalismo es un nuevo sistema de colonización: impone su programa de costumbres y creencias con una violencia radical, y condena al cuerpo colonizado a una vida orientada a alcanzar sus modelos: su juventud, su éxito, su asepsia y su desterritorialización. Como en el antiguo colonialismo, lo último que se pretende es la independencia del cuerpo colonizado, su libertad, y para ello es necesario borrar su memoria y ahuyentar cualquier idea de futuro distinto.

 

 

El neoliberalismo es una ficción perfecta, una aplicación impecable de la verosimilitud aristotélica.
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En La domesticación, unos cuerpos compiten por alcanzar el modelo que les salve de su propio cuerpo: del hambre, la muerte, el miedo, la memoria o la enfermedad. Cuerpos convencidos de que deben convertirse en “verosímiles” y diluirse en el estilo internacional a cambio de sufrir la más actual de las tragedias: la conciencia de protagonizar una cotidianidad construida a base de gestos que destruyen el mundo.

 

 

La domesticación es el primer capítulo de Bekristen / Cristianos, una trilogía que resulta de un proyecto iniciado en 2016 en Guinea Ecuatorial y que reflexiona sobre la compasión como necesidad humana, trauma social y fracaso colectivo.

DIRECCIÓN ESCÉNICA (ACTO II), DIRECCIÓN COREOGRÁFICA, DRAMATURGIA Y TEXTO

Luz Arcas

DIRECCIÓN ESCÉNICA (ACTO I), DRAMATURGIA, ESPACIO SONORO Y TEXTO

Abraham Gragera

BAILE

Luz Arcas, Marcos Matus Ramírez, Danielle Mesquita, Paula Montoya y Papa de Zes

VOLUNTARIOS

Rocío Barriga, Elena Conde, Georgia Creppi, Daimi Delgado, Didier Doleon, Patxi Durán, Daniel España, Serena Gallo, Carlos González, Cristian O. Hazin, Ksenia Lazarieva, Marta Lorrio, Beatriz Mbula, Julia Nicolau, Tamara Osorio, Eduard Peña, Adrián Perea, Patricia de la Plaza, Adolfo Puntas, Rocío Tejada, Miguel Sepúlveda, Daiana Vegas y Rodrigo Villalva

VIOLÍN, ELECTRÓNICA

Luz Prado

VOZ

David Azurza

ESPACIO ESCÉNICO

Luz Arcas y Carmen Main

VESTUARIO

Gabriela Coll

ILUMINACIÓN Y DIRECCIÓN TÉCNICA

Jorge Colomer

FOTOGRAFÍA Y VIDEO

Virginia Rota

ASISTENCIA ARTÍSTICA

Celso Giménez

DISEÑO GRÁFICO

María Peinado

GRABACIÓN, MEZCLA Y MASTERIZACIÓN DE LA MÚSICA

Carlos González y Gabriel Castellano (Piccolo)

COPRODUCCIÓN

Teatros del Canal y La Phármaco

CON EL APOYO DE

Centro Cultural de España en Malabo

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«Todo lo que sabe de danza contemporánea es lo que ha aprendido en los ensayos. No le han puesto vídeos de grandes artistas o coreografías. Él no ha sido domesticado. Eso es lo que querían encontrarse Luz y Abraham cuando fueron a Malabo hace tres años. Montaron un casting en busca de personas que bailaran sin finalidad, con auténtica motivación y fueran autodidactas. Y allí estaba Obiang, un cuerpo sin contaminar por el estilo internacional occidental, que se cimbrea entre África y Europa. A la coreógrafa le interesaba más la concepción ingenua y la teatralidad acentuada de la danza de Miguel que tratarle como un souvenir exótico para turistas.»
«En ‘La domesticación’, La Phármaco reflexiona ahora sobre el neoliberalismo, sistema al que califica de “ficción perfecta, la aplicación impecable de la verosimilitud aristotélica”. En otras palabras, que la compañía de danza no abandona el compromiso político y social, ahondando en rasgos sociológicos de los que todos estamos contaminados y sobre los que conviene pararse a pensar- al menos, de vez en cuando-, para no dejarse llevar por la corriente, por el gregarismo o por el qué dirán. Más aún en una época en donde la dictadura de la imagen es quizás la peor de las dictaduras. La que impone la filosofía del parecer más que la del ser, la de la apariencia frente a la de la esencia.»
«No hace falta señalar que una producción de estas características exige un esfuerzo ingente dentro y fuera del escenario, pero precisamente la compañía está dispuesta a dejar una huella aún más profunda en la danza contemporánea.»
«El espectáculo exploraría las formas de una nueva colonización, la del siglo XXI, en contraste y comparación con las del siglo XIX y XX. Una colonización que siendo aparentemente menos violenta, impone al individuo “modelos relativos al éxito, la belleza, la eterna juventud y otras cuestiones que pasan a ser deseadas en cualquier parte, siempre con los mismos parámetros”, tal como dice Luz Arcas. Como lucha contra esta colonización, la rebelión que propone La Phármaco pasa por bailar, dejar que el cuerpo se exprese fuera de esos modelos que anulan lo individual, lo peculiar, en aras de una uniformidad global que finalmente dispone los cuerpos como objetos válidos para una sociedad de consumo.»
«El espectáculo no da tregua, quizá porque la dominación tampoco. Apela a la liturgia religiosa, la militar, el deporte, el sexo, Dios… toda aquella simbología que se ha trasplantado al mundo entero hasta el punto de hacer creer a las personas que los colonizadores saben más de sus vidas que ellos mismos